Wednesday, January 30, 2008

Un negocio redondo

Juan Fernando Alzate

En un país donde la violencia ha sido y sigue siendo un hecho de trascendencia no solo nacional, sino también internacional; las esperanzas de una posible paz se ven frustradas por los continuos ataques, homicidios y secuestros que a diario realizan las FARC. Con las recientes entregas de las secuestradas Consuelo González y Clara Rojas, tuvimos una cierta ilusión en que las cosas iban por buen camino, sin embargo queda un interrogante acerca de si las FARC realmente liberarían a todos los secuestrados y estarían dispuestos a iniciar unos diálogos de paz.

Es justo reconocer en buena medida el aporte del presidente Chávez en esta liberación, pero también es un gesto que se pasa de protagonismo a cargo de este mandatario que tal vez lo único que quería era limpiar su imagen a nivel internacional. Quedar como el súper héroe y hacer ver al presidente Uribe como el villano, eran los objetivos que pretendía con su mediación.

Volviendo al hecho como tal de la liberación de estas dos personas, fue para algunos como lo dice Rudolf Hommes en su columna de El Tiempo, “la emoción que produjo la liberación y el reencuentro de Clara con su hijo hizo opacar un poco el sentimiento de rabia contra estos delincuentes”; sin embargo, no podemos hacernos indiferentes ante los actos de violencia, por una liberación de dos personas no se puede declinar las aspiraciones y la titulación de este grupo entre los llamados terroristas. Es una propuesta que no tiene fundamentos, solo tiene un interés bajo cuerda de su autor, el presidente Hugo Chávez, quien solo con esto pretende algo que no se puede asegurar exactamente su fin.

Recordar la llegada de Consuelo González y Clara Rojas, realmente emociona a quienes pudimos a través de la televisión ser testigos directos de este hecho, las FARC tuvieron un gesto de paz, que días después se vio marcado por las pruebas de supervivencia enviadas por un grupo de secuestrados, pruebas que lo único que producen en la sociedad es un total desagravio con este grupo insurgente, no es concebible que personas, seres humanos sean tratados de la forma en la que están siendo en las selvas de Colombia. Atados a cadenas y con enfermedades avanzadas propiciadas por esta tortura fue lo que se pudo observar con estos testimonios, como lo manifiesta Alfredo Rangel, columnista de El Tiempo “se conocen las pruebas de vida -que más parecen de agonía- de algunos de los secuestrados que tienen en su poder, las cuales comprueban que a sus muchos crímenes las FARC han agregado el de la tortura”. Con todo esto, este grupo terrorista lo único que ganó fue mas repudio en el país, cabe claramente decir como lo hace el mismo Rangel “Con estas liberaciones las FARC se echaron mas las soga al cuello, las pruebas de supervivencia lo único que evidencian son torturas y maltratos a personas indefensas”.

Una vez mas las FARC demostraron que lo único que pretenden es seguir delinquiendo en el país, seguir asesinando y secuestrando gente inocente que nada tiene que ver con el conflicto armado. Por eso me mantengo en mi posición de que estos terroristas no van a dejar su “negocio redondo” de la noche a la mañana, para la muestra un botón, a los pocos días de ser liberadas Consuelo Gonzalez y Clara Rojas, las FARC secuestran a seis turistas en el departamento del Chocó. Seamos realistas, quien mas que yo como todos los colombianos quisiéramos la paz para nuestro hermoso país, pero la realidad y los propósitos de este grupo cada vez mas hacen ver la paz como inalcanzable.

Columnas referenciadas:
LAS FARC QUIEREN ESCALAR SUS EXIGENCIAS
Una caja de Pandora
Rudolf Hommes. Columnista de EL TIEMPO. Lunes 21 de enero de 2008

LA NOTORIEDAD DE LAS FARC
Chávez: el tiro por la culata
Alfredo Rangel. Columnista de EL TIEMPO.

La paz es el nombre del juego
Enrique Santos Molano. Columnista de EL TIEMPO. Lunes 21 de enero de 2008

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Se deja leer. Columna con interés, a la que se le podría editar un poco, cuando se sale del tema, para apretarla y hacerla más contundente. En estos temas se tiene qué ser contundente. Si no, el lector sale despavorido.
Bien escrita. Pesimista. Aunque uno asuma como columnista una posición negativa o pesimista, es necesario argumentar. Usted lo hace pero debería guardarse el mejor argumento para la conclusión.

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