César Jaramillo.
Es preciso ser más cautelosos y movernos con más discreción, sobre todo en el plano de la guerra. Así lo destaca Patricia Lara en su artículo “Ser más inteligentes”, publicado por el periódico El Colombiano. Es necesario hacerlo, si queremos generar un espacio participativo para jóvenes y adultos en miras a un futuro que no posea como única oferta un conflicto mal graduado.
Gracias a un número detallado de cifras concretas, la autora expresa diversas inquietudes respecto a un presupuesto que se invierte para perpetuar enfrentamientos antes que para buscar su conclusión. “El gasto militar (En Colombia) se ha disparado de 2,2 por ciento del PIB en la época de la violencia a cerca de 6,5 por ciento. El de EE. UU., con guerra de Irak, asciende a 4,04 por ciento.” Cabe resaltar que en estos desventurados tiempos de seguridad democrática, es necesario invertir para admirar posteriormente los resultados.
La principal fuente de estas cifras es un estudio acerca de la evolución del conflicto, realizado por Diógenes Campos y José Fernando Isaza, ex presidente de Mazda y actual rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Pero el documento que se usa como principal argumento no sólo se centra en datos económicos, sino que trata asuntos complicados por las diversas implicaciones en las inexactitudes de los movimientos gubernamentales.
“El número de soldados por 1.000 habitantes pasó de 2,5 en 1957 a 5 en 2007. Entre 2002 y 2006 había 4,9 soldados por cada subversivo. En 2007 hubo 15,5 soldados por cada guerrillero.
Por cada 100 subversivos retirados del conflicto por bajas o deserciones, la guerrilla reclutó 84 nuevos.
Se han desmovilizado más de 25.000 miembros de las AUC, de los 12.000 que, de acuerdo con el gobierno, integraban ese grupo.
En 2008, 81,2 por ciento de los empleos públicos y 58,4 por ciento de los sueldos del presupuesto central, estarán ocupados o serán devengados por personal asignado a labores de defensa, seguridad y policía. El gasto en defensa es igual a la suma de todas las transferencias en salud, educación y saneamiento ambiental. El 65 por ciento de la inversión total del gobierno se destina a inversión en equipo militar.”
Como ella misma destaca en el artículo, la forma como se distribuye el capital de una nación es asunto que a todos incumbe, pero lo más esencial es encaminar los recursos, no a aumentar una guerra que ya ha gastado mucho de todo, sino a engrandecer nuestra nación desde la razón y la calidad de vida. Es buen momento para buscar las alternativas precisas que brinden oportunidades fuera de las armas y los campos repletos de militares.
El que en Colombia todo enfrentamiento sea un negocio, nos tiene que remontar a los días oscuros del narcotráfico, cuando las cabezas tenían un precio, y todo acto se debía manchar de sangre para cobrar validez.
La efectividad del argumento radica en el uso apropiado de datos que por su cercanía a la situación militar de Colombia, da una visión clara de los métodos utilizados por el poder, así como los medios de los que dispone para engrandecer una billetera que cada día le arrebata más y más al progreso del que no necesita asesinar para sentirse patriota.
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Pues los datos que cita Patricia Lara resultan contundentes. Tanto, que los comentarios suyos, muy al final, pierden contundencia. Y eso porque se haría indispensable una pequeña reportería que permitiera confrontar o complementar lo que asevera la columnista.
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