Tuesday, January 29, 2008

Para quién se trabaja

César Jaramillo.

Esto es lo peor que le ha podido pasar al país. De eso no queda ni la más remota duda. El comercio que se efectúa con compatriotas para poder legalizar fines políticos, es un acto sólo atribuible a dictaduras sanguinarias y nada comprometidas con la vida y el respeto. Sin embargo de esto mucho se ha dicho, y tanto locales como extranjeros, han manifestado su desprecio por el secuestro y la privación de la libertad.

Claro está, las conclusiones que se puedan sacar luego de la liberación de dos mujeres en poder de la guerrilla, serían en este punto algo apresuradas, ya que el tema ha sido tratado con mucha emoción y poca cabeza. Los intereses del presidente venezolano así como la posición asumida por todos los sectores de la opinión pública, evidencian un fenómeno constante que poco puede aportar a la discusión. Todos los directamente implicados dan muestras de un compromiso asumido, pero no todos ceden terreno en el plano de los hechos y expresiones coherentes de progreso, tomando una carta definida para jugar. Como afirma Cecilia López en su columna titulada “El año de la liberación”: “La lección más trascendental que se desprende de este proceso de recuperación de la libertad de Clara y Consuelo tiene que ver con lo que se había considerado hasta ahora como un inamovible por parte de las FARC y del gobierno colombiano: sí se puede rescatar a los secuestrados sin la necesidad de definir una zona de despeje siempre y cuando exista la voluntad y la decisión del grupo guerrillero de liberarlos y, se cuente con la colaboración decidida del señor Presidente Uribe y de su equipo de gobierno.”

Entonces pensamos que todo tiene una salida viable con una pequeña cuota de compromiso, pero lo que se hace difícil de entender es la implicación internacional que esto conlleva. Puntualizando, la liberación de los secuestrados es, aparentemente, un juego de toma y dame. Por ende, palabras como canje e intercambio endulzan el oído de los colombianos, obstruyendo el panorama tan complicado que se presenta frente a un proceso que está tomando aires internacionales. Nadie quiere adentrarse en una soberanía tan intrincada como la colombiana, sin sacar un pedazo de la torta y ganar algo de publicidad en este terreno de los argumentos políticos.
El mismo Uribe se ha metido en el juego, y los sondeos así lo indican. Ya es cuestión de prestigio en miras a cualquier estrategia electoral, pero la experiencia del Caguán hace que el mandatario, a diferencia de Pastrana, no haya considerado la posibilidad de despejar ni un centímetro del territorio nacional. Así lo ha expresado en múltiples ocasiones. Dice Jorge Ramos, Conductor de Univisión y actual representante del movimiento periodístico hispanohablante: “Uribe no quiere hacer lo que hizo el ex presidente Andrés Pastrana. Para tratar de negociar la paz con las FARC, Pastrana despejó 42 mil kilómetros cuadrados de territorio -equivalente a la superficie de Suiza- y al final de cuentas no logró nada. Por eso Uribe considera que lo hecho por Pastrana fue un error gubernamental que fortaleció a la guerrilla.”

De nuevo es preciso identificar el papel que cada uno está jugando en este encuentro de ideas. Probablemente el voto de Pastrana no sea lo más relevante en el asunto, pero sí nos lleva a reflexionar respecto a las medidas que deben ser asumidas por el gobierno de Colombia. En un primer momento, es preciso restarle tanta relevancia a las afirmaciones del presidente Chávez. Ha quedado demostrado que sus palabras sólo están organizadas para generar polémica en medio de un conflicto que es más importante, dadas las vidas que en este instante se encuentran en juego, atrapadas en una manigua inclemente e inmisericorde.

En segundo lugar, corresponde a los colombianos asumir un criticismo alejado de la intuición espontánea que nos ha traído la alegría de la libertad. Si bien es cierto que es un paso importante, no podemos dejar a un lado la conciencia colectiva que nos une como habitantes de una patria, pero también como miembros de una inmensa comunidad. En palabras de Consuelo Álvarez de Toledo: “A los españoles nada del terrorismo no es ajeno. Sabemos lo que es el dolor punzante de convivir con la fiera que mata, que secuestra y que extorsiona. Y la rabia ante la impunidad. Conocemos la tentación del desistimiento tras largos años de soportar la presencia de ETA en nuestras vidas. Hay muchos españoles de cuarenta años para abajo que han sido condenados por ETA a vivir desde que nacieron con el terror.”

La intervención de los diferentes actores que han aportado a la salida del cautiverio es de vital importancia para alcanzar un punto común de encuentro donde todos decidan poner a un lado sus intereses más radicales. Obviamente, es demasiado utópico, aunque no inalcanzable. De eso se trata la búsqueda de una paz que no sólo sea la ausencia de violencia.
……….

A veces tiene uno la sensación de que en la elucubración se pierden el tono, la gracia y el hilo. Es decir, los comentarios se vuelven demasiado densos, dan vuelta sobre si mismos, y el lector queda suplicando claridad y contundencia.
El último párrafo, que merece ser siempre contundente, redondo, irónico o cuestionador, es apenas una especie de cierre porque no hay más. Si pero no
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