John Jairo Gómez Hoyos
Éste, el conflicto político colombiano, cada vez toma más tintes de un juego de estrategia donde el ganador es quien más aliados obtenga. También parece ser un juego infinitamente cíclico, en que la política foránea y la sociedad civil colombiana reclaman participar activamente.
Se equivocaron quienes pensaron que el Presidente Venezolano Hugo Chávez y la Senadora Colombiana Piedad Córdoba, se quedarían fácilmente por fuera del ajedrez político que constituye el intercambio humanitario, tras la negativa de Álvaro Uribe, Presidente de Colombia, de seguir dándoles el aval que los acreditaba como mediadores con la guerrilla de Las FARC para lograr la liberación de los secuestrados en manos de este grupo. Se debe saber que, como en el fútbol, en este juego nada está escrito.
La jugada que revivió la participación de Hugo Chávez y Piedad Córdoba fue la realizada por un tercer participante: Las FARC. El grupo guerrillero anunció, por medio de un comunicado el pasado mes de diciembre que, como forma de “desagravio” con los familiares de los secuestrados, con el presidente venezolano y la senadora colombiana, liberarían a la formula Vicepresidencial de Ingrid Betancourt, Clara Rojas; a Emmanuel y a la exparlamentaria, Consuelo Perdomo. Además, en la misma misiva, sostuvieron que dicha liberación sólo se realizaría con la participación de Chávez o la persona que él designara. Antes de concluir su jugada, Las FARC culparon al Presidente Colombiano del fracaso de las pasadas gestiones humanitarias al no permitir que éstas no siguieran su curso.
Este gesto de Las FARC respondió a una estrategia deliberada de mostrar al gobierno Colombiano como un actor intransigente ante el dolor de los secuestrados y sus familiares, como una contraparte que en vez de buscar soluciones ante la crisis humanitaria, es mas bien una piedra en el zapato para el intercambio humanitario. Sin embargo la liberación también resultó una jugada para tratar de reducir presión nacional e internacional sobre ellos, después que el mundo quedara impactado al observar las terribles condiciones de vida en la que se encuentran parte de los secuestrados, entre ellos, Ingrid Betancourt. Las FARC tenían que ocultar este hecho, tenían que concentrar el interés de la opinión pública en otro tema y no en las condiciones en las que están los secuestrados.
La entrega tenía como fecha final el mes de diciembre, en un punto indeterminado de la geografía colombiana, que tendría como eje de operaciones la ciudad de Villavicencio. Para ello se montó un gran operativo humanitario que rayaba con la parafernalia de un show mediático, debido a la presencia de importantes figuras de la política internacional y del Cine. Al final, la entrega no se realizó.
Ahora el turno le correspondía al presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez. Cuando todos pensaron que él cedería el turno, pues las condiciones no eran muy favorables para hacer jugada alguna que lo beneficiara, sacó su “AS” bajo la manga y denunció públicamente al grupo guerrillero de mentiroso; pues las razones por las que no liberaron a los rehenes el día pactado, tenía nombre propio: Emmanuel. Anunció, con voz enérgica y la gracia de poderse desahogar, que el niño lo tendría el estado a través del ICBF, por lo cual Las FARC no habrían liberado a sus rehenes.
Muchos vieron como arriesgada y apresurada la intervención de Uribe. El juego permaneció en el limbo durante algunos días mientras se aclaraba la teoría. Finalmente el presidente colombiano demostró tener la razón y la balanza, ahora, estaba de su lado.
En una maniobra imaginable y afanada para opacar las voces triunfalistas del Uribismo, Las FARC entregaron a Clara Rojas y a Consuelo Perdomo a una delegación de las Cruz Roja Internacional, liderada por una comitiva del Gobierno Venezolano. No con la misma moral del gobierno colombiano, pero sí con el nuevo aliento que les daba esta última jugada, la Guerrilla y el gobierno venezolano seguían con vida en la partida. Esto permitió, que a su turno, el Presidente Chávez pidiera al mundo que las FARC y el ELN fueran sacados de la lista de terroristas y que por el contrario les sea reconocido el Estado de Beligerancia. Una táctica suicida para su objetivo de dominar el juego pues, contada algunas excepciones, el rechazo internacional fue unánime. Ahora el silencio ofrecido por el presidente venezolano y la guerrilla de Las FARC ante los recientes pronunciamientos en su contra, hace pensar que preparan una nueva arremetida que los ponga en primer lugar, por lo menos momentáneamente.
Mientras eso sucede, ahora parte de la sociedad civil colombiana organiza una marcha internacional para hacer sentir su voz de rechazo a las acciones violentas de Las FARC, buscando tomar partido en el cambiante juego político colombiano. Aunque la iniciativa parece no tener filiación política, veremos quien logra inclinarla a su favor, pues como sabemos las alianzas y las intervenciones truculentas estén a la orden del día. El juego continúa y como lo había anticipado, éste parece ser infinitamente cíclico y ya aburre.
Para animarlo propongo lo que ha sugerido Daniel Samper en una de sus columnas: … para contar lo ocurrido en este juego se requiere la voz deportiva de Édgar Perea.
Como para la serie Padres e Hijos, ya muchos apetecemos un final feliz a este novelón.
FUENTES DE REFERENCIA:
Maleantes y melodramas - Héctor Abad Faciolince (Columnista revista Semana)
Del insulto a la amenaza - Salud Hernández-Mora (Columnista de EL TIEMPO)
El sorprendente triunfo de Kid Uribe - Daniel Samper (Columnista de EL TIEMPO)
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Interesante. Este texto le exigió meterse en otras columnas, examinar, mirar bien lo que usted mismo piensa y escribir con claridad.
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