Paola Andrea Bocanumenth Ramírez
Sería muy egoísta de mi parte si digo que la liberación de Clara Rojas y Consuelo González no debe ser un motivo de orgullo o alegría para el pueblo colombiano, y para muchos es también la esperanza y la fe, en que así como ellas descendieron de ese avión el 11 de enero, lo van a ir haciendo paulatinamente y uno por uno los mas de 700 colombianos que siguen en espera de una solución a su situación de rehenes de las FARC.
Yo no creo ya en nada, me da alegría por las familias a las que se les acaba el sufrimiento, pero también me da tristeza por las que continúan esperando a que sea la hora de ver a los suyos; y aun mas me entristece que todavía existan personas que creen que reteniendo y privando de la libertad a los demás, van a ser escuchados y sentidos, y lo peor de todo… creen que así van a ser comprendidos; todavía no he podido a mis 23 años de edad entender cuáles son los ideales de los grupos creados para el pueblo; ni mucho menos entiendo como se llenan diciendo que van a liberar a ese pueblo, cuando son ellos mismos los que les ponen cadenas y precio a sus cabezas.
Y es que un secuestro es noticia, y más aún lo es una liberación; pero la de Clara Rojas y Consuelo González, traían un toque diferente. Había un niño dentro de la historia: Emmanuel; se convirtió en símbolo para muchos y llego a hacer parte de muchas oraciones, pero cómo fuimos tan ciegos, todo el tiempo estuvo acá entre nosotros.
Muchos fueron los pronunciamientos y las maneras en que se narró la liberación, pero todos con el mismo toque de sentimentalismo; titulares simuladores de emoción; el Colombiano por ejemplo publicó; “el día que terminó el infierno”; para el periódico el Mundo la cosa fue más informativa que emotiva con “Clara y Consuelo; ¡por fin en libertad¡ y en diario la república se dice que las FARC asegura que esta liberación es el primer paso para el proceso de paz.
Realmente no necesito mucho basarme en los periódicos o en las noticias de televisión; fue tanto el despliegue que se le dio a este caso que todavía las recuerdo con claridad; como recuerdo también ese día que todos en mi oficina estábamos sentados frente a un televisor esperando que el helicóptero de la Cruz Roja aterrizara, habría que ver como estaba en ese momento un centro comercial cercano a mi trabajo; parecía mas bien que estuvieran televisando una final de futbol; y más aún fue mi sorpresa cuando se empezaron a escuchar todo tipo de comentario; “si quera las soltaron”, “pobrecitas”, “como será la alegría de esa señora” y también otros como; “esas lo que estaban era pasando bueno”, “no tienen cara de venir del monte”; vea a esa Consuelo con corte y aretes”; y otro me a sorprendían más aún que el anterior; desde el mas descabellado que insinuó que Clara Rojas y Consuelo González nunca estuvieron secuestradas; que por el contrario estaban como muy contentas por allá y que venían era de Venezuela, que por lo menos el ultimo año las tuvo Chávez….
Yo solo puedo decir que no sé si el presidente Venezolano las utilizó como una excusa para acercarse a Colombia con el fin de promover el reconocimiento de las FARC; o si solo fue un intermediario que obro de buena fe; no sé si las FARC están dispuestas a liberar a los demás secuestrados o si simplemente también utilizaron esta estrategia; no se si a Clara y a Consuelo se les acabó el infierno; no sé si Emmanuel seguirá siendo tema y hasta terminara convirtiéndose en el niño prodigio; lo único que puedo asegurar sin miedo a equivocarme; es que muchas personas en este país han aprovechado cualquier suceso que mueva masas para sacar su mejor partido de ello; casos exactos si los hay; no se tampoco que estarán pensando todos los que ahora se encuentran por allá privados de la libertad y lejos de sus familias; solo espero que algún día en Colombia (por lo menos en Colombia) se deje de jugar con las conciencias y de vender las emociones; porque no se puede comercializar con el sufrimiento ajeno, ni se le puede privar a nadie de su libertad y de su vida por una supuesta causa que a la final va a traer como todo, sus efectos.
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Bien, de entrada. Un poco larga, eso sí. Pero es clara, directa y comprometida, lo que les gusta a los lectores.
El tema, obvio, de actualidad aún. O sea que se asegura el impacto. Yo le sugeriría en adelante que sus columnas, cuando quiera o necesite escribir, se dediquen a un solo tema y aporten algún dato, cifra o concepto adicional, a manera de cita o de fuente, para asegurar, como quien dice, respaldo.
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