Wednesday, January 30, 2008

Se arma la grande entre Presidentes

Alejandra María Correa Quijano

Se agita nuevamente el panorama frente a las acusaciones que hizo el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Cesar Julio Valencia, al afirmar que el Presidente Uribe en llamada telefónica, le preguntó por el caso que involucra a su primo y socio, el ex senador Mario Uribe, investigado por el tribunal por sus presuntos nexos con los paramilitares.

Ahora el asunto toma un rumbo de carácter penal, puesto que el mismo Presidente de la República ha instaurado una demanda contra Valencia por injuria y calumnia. La trama va más allá. Estas acusaciones, al ser elevadas por el mismo pPresidente de la rRepública en contra del pPresidente de la cCorte, son para mí peligrosas; en tanto que, atropellan, intimidan y desestiman la democracia de Colombia que tanto enorgullece y promulga el doctor Uribe. Ahora bien, me pregunto con cierta desconfianza: Por qué hace uso de nuestro símbolos patrios para deslegitimar a miembros de La Corte Suprema, toda vez que desde la Casa de Nariño se publican boletines de prensa y se generan comunicados con la rubrica estampada de nuestra Bandera y Escudo nacional.

Peor aún se tornan las cosas, al informar a la opinión pública que nuestro jJefe de eEstado presentó la demanda personalmente el 24 de enero ante la secretaria de la Comisión de Acusaciones; cuando todos somos testigos de su viaje por Europa. ¿Omnipresencia o tele transportación? Vallya uno a saber…

Ni el mismo presidente Uribe pensó que las cosas se le complicarían de la manera como se desarrollan. En el artículo al que hago alusión, Daniel Coronel argumenta también de forma contundente y clara los nexos familiares, económicos y políticos que nuestro mandatario ha tenido durante años con su primo Mario Uribe. Igualmente menciona a dos senadores electos –Miguel de la Espriella y Álvaro García, vinculados a la investigación para política, por no decir lo menos.

Elijo el artículo de la revista Semana por Daniel Coronel, por que es un texto que argumenta y refiere asuntos del pasado y el presente; relaciona asuntos y circunstancias, que aun que no tuvieron ningún reparo en su momento, en la actualidad son cuestionadas por sectores políticos, económicos, sociales, civiles, y religiosos. Y que instituciones y entidades como La Fiscalía, Procuraduría, y hasta la misma Corte Suprema de Justicia, llevan procesos en los que los mismos paramilitares han denunciado la participación de altos dignatarios y han aportado pruebas que los implica directa e indirectamente en muertes, secuestros, extorsiones, amenazas y fraudes electorales, entre otros.

No pretendo justificar, o enaltecer las audiencias de los ex jefes paras en las Fiscalías del país, tampoco que se ha dicho toda la verdad; esa que tal vezs nunca conoceremos; pero reconozco que en estas audiencias se han revelado nombres de personas, y hechos que aportan y esclarecen, de cierta manera, masacres, desapariciones, secuestros, extorsiones y engaños; que por involucrar a comunidades inocentes y ajenas al conflicto, se convierten en delitos que vulneran los derechos humanos de nuestra Constitución Política, y que trascienden e involucran personas y estamentos internacionales.

Si hoy los desmovilizados de las AUC se quejan de que el gobierno ha vuelto invisible el proceso de desmovilización y entrega de bienes para la reparación, pueden estar seguros los ex comandantes, que ahora se prendió el candil y volverá a rondar el interés de medios, políticos asustadizos y víctimas, que éstas son, en todo caso, las invisibles del partido. Y han luchado por dejarse ver, aun que sea un poco.

Será pues que la denuncia instaurada por el Presidente de la República busca asustar y someter a la Corte, que ha investigado a políticos a liados de las AUC, antes Convivir.
El artículo es tan bien argumentado que hasta menciona tres testigos que el demandante cita a su favor: Alicia Mejía, su secretaria, Claudia Blum y Carolina Barco, embajadoras. Qué pretende, acaso el jefe asigna pruebas para ser recitadas por estas humildes servidoras, o serán despedidas en caso de no servir como testigos de su jefe.
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Buena columna, sobre todo por su claridad. Obviamente se refiere y se apoya en la columna de Daniel Coronell, en la revista Semana, pero desarrolla un punto de vista complementario y propio. Y puede sostener un tono independiente. Es decir, no se queda pegado al texto original, citado, sino que establece una distancia necesaria.
Bien por eso. Lo único que yo señalaría es que se diluye un poco, se disuelve. No me queda claro a dónde llega, cuál es el meollo, después del recorrido.

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