J. James Yepes S.
Leyendo el periódico del viernes 11 de enero, los distintos periódicos de la ciudad, observaba las diferentes reacciones que hubo frente al suceso más destacado del día anterior: la liberación de Clara Rojas y Consuelo González. Algunos columnistas estaban felices, otros tenían algún tipo de duda, otros ya tenían escrita su columna y no quisieron cambiarla, y otros simplemente no desearon hablar del tema. Me sorprendió un poco ver aquellas posturas extremas que defendían la legitimidad de la operación o la atacaban, con argumentos basados más en la pasión que en la razón, o aún más, que en el sentido humanitario.
Debo confesar que yo no soy uribista, sin ser tampoco un opositor sistemático del presidente, pero por estos días me he sentido más ligado a sus políticas. Esto, a raíz del documental Colombia Vive coproducido por la revista Semana y Caracol Televisión, y emitido por este último la semana pasada. El documental cuenta someramente la historia política de Colombia y, aunque faltan sucesos, concluí, por lo que nos mostraron a todo el país de nuestra historia, que este es, de lejos, el mejor gobierno que hemos tenido en muchos años. Estoy comenzando a creer.
Por lo visto no soy el único que deposita su confianza en Uribe, en El Colombiano del 11 de enero encontré una columna bastante simpática, un poco coloquial, no por eso menos seria, era la opinión apasionada, casi religiosa, de Francisco Javier Saldarriaga, quien se mofaba, literalmente, de aquellos opositores del gobierno que se ocuparon de poner trabas a la liberación de Clara y Consuelo. Además, en un tono agraviante, interrogaba las conductas de sus más acérrimos enemigos, los enemigos del presidente. Yo me indigné un poco, más como lector que como agredido; como lector porque no logro entender cómo la sección de opinión se confunde, tan fácilmente, con una plaza de mercado, y como agredido poco, porque ahora soy más uribista. La verdad no sé qué le ocurrió al compañero Saldarriaga, nos extraña en ocasiones su poca frialdad para afrontar determinados temas, no sé de dónde lo aprendió.
El editorial de El Colombiano, por el contrario, fue más sereno en su discurso, adoptando una posición diplomática celebró la liberación y dejó en claro su postura frente a la guerrilla de las FARC. Pero hubo una opinión que me gustó más, la de Juan José Hoyos, el día domingo 13 de enero. Una columna más profunda, periodísticamente hablando, realizada con más tiempo pero también con más frialdad y razón. Más que una publicación, la de Hoyos es un llamado de atención a la objetividad y a la consagración de la verdad por encima de todo. Cita él la frase del escritor inglés Samuel Jonson que dice: "La primera víctima de la guerra es la verdad". Esta reflexión, por supuesto, no es para que la hagamos solamente los periodistas, sino los políticos, economistas, y todos quienes de alguna manera, intercedan en el transcurrir de este país.
Y es que parece ser que en Colombia se ha dejado de lado la honestidad y la ética profesional para satisfacer únicamente los intereses individuales de algunos. La opinión pública es un enjambre amorfo de personajes y situaciones que se suceden unos a otros como hilos de humo en el viento. Nada de lo que sucede en el país es para siempre, y hasta los hechos más ruidosos y espeluznantes se olvidan ante una nueva noticia. Hay controversias de todo tipo y las paradojas son el pan de cada día. Ahora resulta un tema de moda, el dilema si las FARC son o no terroristas. Solamente el término terrorista encierra muchas otras acciones, y depende más de un análisis detallado y moral que hará cada persona en su cotidianidad; lo que lo hace subjetivo. Para mí, por ejemplo, las FARC son terroristas por el sólo hecho de privar de su libertad a civiles que no hacen parte del conflicto armado, renunciando a la condición de grupo ideológico que lucha por un objetivo colectivo. La paradoja está en que el presidente acusa, ante otros países, de que esta guerrilla no respeta los derechos humanos, pero ¿cómo esperar que un grupo, apolítico para el gobierno, respete los derechos fundamentales? aún más ¿cómo esperar que un grupo así, libere a los secuestrados como gesto humanitario para poder negociar? y si es el caso ¿cómo va a negociar nuestro gobierno con terrositas? En medio de esta ironía vivimos a diario los colombianos, y como ésta hay cientos, lo que sí es seguro, y se percibe en los discursos del presidente, es que la palabra terrorismo viene acompañada de un verbo mortal: erradicar. Hoy por hoy sinónimo de guerra.
………………….
Pues llama la atención su texto. Por claro y diverso y porque va contando una especie de historia personal pero aliada de lo político, de lo que sucede y se escribe y se hace pensar a los lectores.
Buen recorrido.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment