Alejandra María Correa Quijano
En medio de la maraña o red en la que viaja la información en momento real, estamos inmersos también quienes dependemos de alguna manera de los medios y de las noticias y acontecimientos que transcurren en el mundo. Muchos son los cambios que ha sufrido la comunicación por la presencia instantánea y casi presente de los hechos; se cambiaron las condiciones que en otras épocas sorprendía por la ética, lo humano, la verdad sobre la información; en cambio en la actualidad, prima el negocio y la rapidez de informar a toda costa, sin medir las consecuencias que pueda generar dicha información, por el simple hecho de tener la chiva o primicia. Me sorprende tanto, que a veces me asusta la calidad de los contenidos, la falta de conciencia social frente a asuntos que tienen que ver más con la condición del ser humano. Se deshumanizó la información y se cubrió de intereses económicos.
El negocio es redondo, “quien da más” parece ser el lema de los medios escritos, radiales y televisivos. Lo que importa es cuanto dinero dejan las pautas publicitarias y políticas, o las entrevistas que son cambiadas por dinero o por favores políticos en Colombia. Si usted se sorprende, lo entiendo; porque yo también me sorprendí cuando un futuro colega me dijo. “¿Sabías que nuestra profesión se ha vuelto más de estomago que de ética?” Consciente de ello, le respondí a mí pesar afirmativamente; pero lo que no me esperaba, era que me dijera. “Algunos periodistas radiales están cobrando por entrevista 500 o 600 mil pesos para promocionar a un personaje”. Con razón tenemos el estigma que a muchos nos avergüenza.
Tampoco se escapan los medios impresos y televisivos; mencionemos por ejemplo las posturas políticas que asumen nuestros medios locales, las pautas de cuatro años en un medio como El Mundo y El Colombiano, valen aproximadamente siete mil millones durante los cuatro años de gobierno. ¿Será por ello, que se asumen posturas de favorabilidad en las elecciones para gobernador y alcalde?, o será por tradición política y ética periodística… El negocio es redondo, cuando hay que trabajarle a políticos y a sus “proyectos urbanos”. Dista mucho el interés de un medio, cuando la noticia tiene que ver con asuntos sociales y humanos: desapariciones, muertes, accidentes, desastres, hambre, pobreza y desplazamiento forzado, entre otras; generalmente estos temas no tienen muchos dolientes, y quienes ocupan cargos importantes en los medios, tienen interés por vender pauta, y negociar conciencias.
En honor a la verdad y la conciencia social, reclamo valores, principios y ética periodística y humana a quienes trabajen en medios de comunicación. Debemos rescatar y dar valor agregado a la divulgación de los derechos humanos, y ser conscientes de las múltiples necesidades que en materia de salud, vivienda, alimentación y educación afrontan nuestras comunidades. Pocas veces los medios sensibilizan a sus lectores frente a estos asuntos; en cambio, con frecuencia, vemos diferentes medios escritos publicando historias de vida; claro está, que estos personajes son bien seleccionados. “Ojalá sea el hijo de peranito y sutanito, ese que está en París, al que le ayudó el doctor tal, para gestionar la beca en tal país. Y ojalá sea bien amigo, o recomendado por la familia del medio informativo, esto ayuda a que por lo menos la página contenga algunas fotografías a color y la crónica engrandezca sus virtudes”. Aclaro que no estoy en desacuerdo con éste tipo de artículos, y comparto la idea de resaltar personajes que enorgullezcan al país; lo que llama mi atención, es que escasas veces se publican artículos de corte social, o con fines de ayuda a personas afectadas. Definitivamente en los medios, las cosas se mueven con hilos de seda.
¿Dónde quedó la ética? Con mucho respeto, para quienes son mercaderes de la información, quiero decirles que las ventas informativas no son el ejercicio del periodismo. El mercadeo tiene otro fin y otros contextos. Y me parece triste que después de pasar por una facultad de periodismo, en la que la mayoría del tiempo somos invitados a reflexionar y a trabajar por las comunidades en el campo social e informativo, terminemos dejando a un lado el pensamiento social y comunitario. No seamos invisibles, no nos volvamos insensibles ante el dolor y la ayuda que podemos ofrecer en el ejercicio de esta profesión. La guerra sucia de los medios por informar ha impedido que los lectores y los no lectores se beneficien de la información publicada, haciendo honor a la verdad.
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