Monday, November 19, 2007

Caballero: La cúspide máxima del sarcasmo

Una apología a la sátira y a la ironía

Jorge Luís Yarce Tamayo

Antonio Caballero: Vivió su niñez y juventud entre España, Colombia y Francia, en donde realizo estudios de ciencias políticas. Ha sido columnista y caricaturista de numerosos diarios y revistas colombianos y extranjeros. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Planeta (1999) con “No es por aguar la fiesta”, libro que recoge sus principales notas políticas publicadas en la década de los noventa. Actualmente vive en Madrid y es columnista de la revista Semana. Y etc. etc. etc. etc…

Ahora…Hablar de su columna, no deja de ser una ardua labor, llena de paradigmas y de conflictos, como el trabajo completo de éste periodista. Una cosa es innegable, su pluma está dotada de una sátira, una ironía y un agudo e hiriente sarcasmo, que ya los más hábiles entre los hábiles, desearían tener y lo que es mejor, saberlo utilizar con tal maestría e ingenio.

Con todo respeto, y sin otra autoridad que la que poseo por, simplemente, ser un lector meticuloso, o por lo menos encaprichado, de las columnas de Caballero, si me atrevo a plantear, con toda firmeza, que su trabajo debería centrase en lo político… es en éste campo donde salen a relucir sus mejores “armas”. Es en lo político, donde, de manera mordaz y casi descarnada, desmenuza uno a uno sus argumentos y esculpe esa imagen tan TRISTEMENTE irrisoria de nuestra nación “boba”, ¡eh!... ¡Perdón!, la correcta expresión sería: “Patria Boba[1]”, pero, a merito de sonar apátrida, no es distinto usar el tenor histórico de aquella frasecilla siniestra y el darle a esta estructura de neoliberalismo, republicano, centro-descentralizado, con fachada de nación socialista, la connotación de nación boba [sálvenos dios, que también lo sea de bobos, aunque igual se sigue perdiendo el tiempo].

En fin, Antonio Caballero, es un ejemplo de maestría al escribir y tratar de dar a la opinión pública una imagen cercana de una realidad de mascaradas, en este proceso trata de ser imparcial, pero es innegable que su balanza siempre se inclina un poco de un lado o del otro… y si el tema incumbe al gobierno, generalmente se inclina en contra de aquél; si el tema es sobre el señor presidente de la república, la balanza definitivamente se cae de un lado y como dice la cultura popular “ el que lleva del bulto” es el señor presidente.

Claro está, que, como toda regla, para confirmarse requiere de su excepción, es mejor salvar mi opinión, contando de antemano la excepción a la balanza de Caballero. Un caso extraordinario, se dá, en el articulo titulado: “la muerte de Martín Caballero” del 27 de octubre de 2007, publicado en la edición 1330 de la revista Semana. Dónde el periodista, se ahoga en elogios para las fuerzas militares, para el señor general de la república Freddy Padilla de León y para el señor ministro de la defensa, Juan Manuel Santos. Si no fuera por que el lenguaje sigue siendo, muy de Caballero y de“caballero”, es decir: de diccionario decimonónico y pomposa prosa; podría incluso pensarse, que no es de su autoría; y no es que ponga en entre dicho su labor [imprudente y osado de mi parte, si lo hiciera] sino que resulta anti-natura tantos elogios y vistos buenos, salidos de tan inexpugnable bastión de oposición al gobierno y a todo lo que de él derive.

Es casi lúgubre, tratar de enmarcar palabras como las expresadas en el mencionado articulo, sobre la “dada de baja” por parte del ejercito del Guerrillero Martín Caballero, quien estaba al mando del bloque 37 de las FARC, a lo cual el periodista se refiere en los términos que siguen, y sito: “Este duro golpe a las FARC ratifica que en los últimos meses hay una conducción más acertada de las operaciones militares. Méritos que sin duda hay que darle al alto mando, en especial al general Freddy Padilla de León, y al ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, que se han apersonado de los cambios en la estrategia militar[2].” [Subrayado fuera de texto].

Si bien, existe un tácito vestigio del ánimo empalador y desalmado contra el gobierno, en este articulo particular, el estilo, esa esencia fundamental del periodista, no es óbice para exaltar la labor del “enemigo”.

De otro punto hay también, en el mérito de las excepciones, aquellos “resbalones” que “ni fu ni fa” con lo que tiene que ver a la sagacidad y estilo de Antonio Caballero. Casos como el articulo “los Fiscales de la Para-política” del 20 de octubre del presente año, publicado en la edición 1329 de Semana. Dónde, además de hacer un desabrido sumario de los fiscales encargados de los casos de los ex-senadores que renunciaron al fuero, no elabora mayores argumentos, es más, podría preguntarse, sin temor alguno: ¿habría algo para argumentar? Éste es un ejemplo de mero cumplimiento, es como si la columna no hubiere salido de su pecho, como sí lo hace en tantas otras.

Pero bueno, del lado de las glorias… y aunque me salga de lo establecido, no puedo dejar de mencionar el articulo publicado el pasado 17 de noviembre, titulado “Heráldica”. Si he de ser sincero, no pude hacer cosa distinta, en las 5 veces que lo leí por puro capricho, que destornillarme de la risa, con tan magistral uso del lenguaje, es una maravilla, una apología a la sátira y a la ironía, es la cúspide máxima del sarcasmo… es ese: “el avispamiento, la imbecilidad y la lambonería”[3] tan nuestros, tan colombianos, tan de nuestra “estirpe política” que aunque ofenda una u otra susceptibilidad de algún acunado niño de familia omnipotente de la poli-burguesía colombiana, no deja, por más que se quiera, de ser un reflejo, de esa realidad absurda y desbordada de nuestra “nación boba”.

En definitiva, en lo que a Antonio Caballero se refiere, o mejor, a su columna, desde que el tema posea un marcado carácter político, no cabe la menor duda que es una pieza de opinión digna de ser leída y que deleita a un lector crítico y suspicaz. Si versa sobre tema distinto, seguramente se encontrara el milagro de la iluminación en alguna, pero en términos generales, no son más que mero cumplimiento editorial, lo que no demerita la labor del periodista, sino más bien las políticas en las cuales se halla inmerso. Con razón, al igual que un toro brío, se va de cabeza contra todo lo que, de color política se vista.

[1] Se conoce como la Patria Boba al período histórico de Colombia comprendido entre las declaraciones de independencia de 1810 y la entrada a Santa Fe de Bogotá de los realistas durante la reconquista española en 1816. Este período fue caracterizado por la inestabilidad política y varias guerras regionales y civiles en una nación en formación. Se llama “Patria Boba” por la laxitud en los procesos y la multiplicidad de movimientos incoherentes u opositores.

[2]CABALLERO, Antonio. “La muerte de Martín Caballero” 27 de octubre de 2007, edición 1330, Revista Semana.
[3] CABALLERO, Antonio. “Heráldica”. 17 de noviembre de 2007, edición 1333, Revista Semana.

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