Porras Julio César
En lugar de citar una definición puntual del concepto de opinión he decidido referirme al texto Documento sobre opinión pública del profesor Gonzalo Medina Pérez.
Éste, en su primer capítulo, compila un derrotero de conceptos y particularidades, además de lo concerniente a las ideas de público y privado con relación a la opinión, a partir de una infinidad de referencias. De aquí, salta a la vista la dificultad de plantear, de manera sucinta y clara, una única definición del concepto, bien sea por los alcances del término, como por las apreciaciones puntuales de los autores.
Sin embargo, la gran mayoría de éstos convergen al ligar la opinión con el comportamiento social humano. La subjetividad, en este caso representada por las infinitas posibilidades al interior de un individuo, está limitada por el entorno al que cada uno pertenece; es decir, todo el bagaje cultural, toda la acumulación de experiencias, las mismas convenciones colectivas intrínsecas de toda comunidad y los propios valores dentro de los núcleos familiares determinan que la opinión siga corrientes, pueda predecirse hasta cierto punto, o por lo menos, sea explicable dentro de ciertos parámetros, tanto a niveles micro como macro. Las actitudes y acciones de los hombres en sociedad pueden transformar y transformarse por opiniones.
Ahora, nuestro papel de comunicadores-periodistas como intermediarios entre el público en general y la información, y nuestra incidencia directa en la formación de procesos que desencadenen en un convencimiento generalizado de un hecho o “realidad” específica, o como lo llama el autor Emil Dovifat, “una aseveración objetivamente insuficiente”, es un poder que no debería estar sujeto a presiones o convicciones de los propios medios, para no caer en lo que el autor denomina el alentar contradicciones interiores, sino que debería estar basado siempre en evidencias objetivas confirmadas.
De esta manera, nuestra función de emisores se centra en las hipótesis, que a su vez se convierten en evidencias y nos alejamos de la convicción que podamos impartir por medio de la opinión.
David Randall en su libro el periodista universal habla del ego del periodista y de cómo los comentarios son algo común mientras que las informaciones son un bien escaso y por lo tanto valioso.
Es cierto también que para lograr convertirse en un columnista de opinión es necesario abonar una carrera periodística prolífica que le confiera al comunicador credibilidad y reputación; pero mantenerse en el punto donde las influencias externas, las emociones y reacciones, y los propios actos no nublen el propósito de mantener autonomía y criterio ante el trabajo, se convierten en el verdadero reto a enfrentar para el periodismo de opinión.
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No deja de tener interés el texto, pero en realidad en nuestro caso el concepto de opinión no está de inmediato ligada a la “opinión pública” sino a la opinión como opuesto de verdad, según los griegos.
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